La voz del ego

En la clase de francés de esta semana hicimos un test que decía «Avez-vous déjà practiqué un sport à risque? (¿Has practicado algún deporte de riesgo?)», marqué la primera respuesta: «Oui, j’ai sauté en parachute / fait de la plongée sous-marine / fait de l’escalade (Sí, he hecho salto en paracaídas / submarinismo / escalada)». Hace años habría marcado: «Non, je déteste prendre des risques (No, detesto correr riesgos)». Se podría decir que escalando me siento en riesgo de forma continua, sobre todo a medida que aumenta la altura, pero es un riesgo en cierto modo controlado porque no dejo de estar en contacto directo con el medio que me sostiene. Y es un anclaje que da seguridad, aunque sepa que eso no evita la caída. Se podría decir que me siento continuamente “al límite del riesgo”. El mayor riesgo lo siento durante los segundos que cambio de pie y la presa siguiente parece inalcanzable, o cuando los dedos agotados me tiemblan y el suelo está a más de dos metros. Pero entonces alguien desde abajo me grita: “¡Va, dale, ya lo tienes!”, y confío plenamente en esa voz que en realidad no asegura nada, me aferro a ella como si fuera cuerda. Es una ilusión infantil, la de creer que estás a salvo porque otros te acompañan. O quizás esa compañía actúe como un asegurador real porque afianza la confianza. Hay blokes que los hago de principio a fin con la certeza de que me voy a caer y, cuando no lo hago, me entra la risa. Luego tomo aire, suspiro y pienso: “Uf. Por los pelos. A ver la próxima”. E, inmediatamente, anhelo la próxima. Palpar el nuevo borde del nuevo límite. ¿Por qué? No lo sé. Es decir, sé que hay una respuesta química, la adrenalina, la dopamina… y un marco social o cultural donde se potencia el “superarse”, pero no es esa la respuesta que busco. Podría limitarme a decir que es divertido, que me gusta, y eso es todo, pero necesito ir más allá y no sé si es una necesidad que debo alimentar -la de ir más allá- o si debería dejarlo estar, no darle más vueltas. ¿Por qué escalo? ¿Tiene que haber un por qué? ¿Por qué estoy tan empeñada en encontrarlo? Creo es porque busco una respuesta que me muestre algo sobre mí, sobre mi identidad. No puedo limitarme a ser, sino que busco saber qué soy, por qué soy. Y esa es la voz del ego.

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