“Io vado lontano da qui”

Dejo el crashpad en casa y me voy a la sierra a pasar dos días entre nudos y cuerdas, entre mosquetones y maillones. El primer día voy apuradísima, hemos quedado temprano y yo no estoy acostumbrada a madrugar tanto, además me lío un poco con las indicaciones y llego con 10 minutos de retraso. Mientras abandono la ciudad una parte de mi cerebro me dice: “¿Para qué te metes en esto? Podrías estar en la cama…”. Pero enseguida se me pasa. Y se me pasará aún más en un par de horas.

Una vez allí, y tras las presentaciones oportunas, ascendemos primero por un sendero con bastante desnivel, vamos casi todos ahogadísimos, pero como no nos conocemos, nadie se atreve a pedir una paradita. Ya arriba, el profe, José Luis Núñez, saca el material y comienza a explicar, empezando por lo más básico: “Aunque parezca curioso, nada de esto nos ayuda a escalar, para eso solo tenemos nuestro cuerpo, los pies de gato y el magnesio, el resto es para protegernos”.

Mi cerebro siempre quiere entender el porqué de todo y allí arriba se afana por comprender la física de las cuerdas. Quiero entender las diferencias entre unos mosquetones y otros, entre los químicos y parabolts. Escalamos en “tope rope” y aprendemos a montar y desmontar un descuelgue. Al final hago mi primerísima vía de primera. Comemos sentados sobre una roca al sol, escalamos un poco más y recogemos hasta el día siguiente.

Esa noche la paso en un hostal de Cercedilla. Al llegar doy una mini vuelta por el pueblo, pero mi paso es tambaleante, estoy derrotada. Estiro mis fuerzas para ir a comprar algo para cenar. Ya en mi guarida me doy un baño de agua hirviendo, hago un poco de yoga y ceno una ensalada “de bote” sentada en el suelo mientras intercambio audios con O. y V.: las vías llevan para mí sus nombres. Cerca de las 23.00 caigo en un sueño profundísimo y dulce.

Al día siguiente amanece temprano, recojo todo, preparo un bocata apoyada en el lavabo mientras pienso que tengo que hacerme con una navaja, y salgo pitando con la buena suerte de encontrar una churrería abierta en el camino. Cojo un café y unas porras, y me las como sentada en el coche mirando al horizonte.

Por un error de planificación mi hostal queda lejos del segundo punto de encuentro, así que conduzco casi una hora por carreteras secundarias de la Sierra de Guadarrama, y lo que en principio parecía un error, casi se vuelve un acierto. Hay niebla, el monte está verdísimo y por momentos me transporto a Galiza, a mis días de viaje en solitario por carretera sorteando el peaje de la AP-9. La señal de radio no se sintoniza con claridad así que la apago y canto una y otra vez tonterías que me vienen a la cabeza: “Le ciel est gris, mais je suis très heureuse. Les champs sont verts…” // “Io vado lontano da qui, vuoi andare con me? Noi possiamo andare insieme… Io vado lontano da qui, vado a la montagna, vado a fare l’arrampicata!”.

A medida que desciendo, el día se aclara un poco hasta llegar a las inmediaciones del Pantano de San Juan. Nos encontramos todos de nuevo y caminamos por un senderito mucho más amable que el del día anterior hasta el sector de vías asequibles que vamos a descifrar.

Esta vez me lanzo a ir de primera y al llegar al descuelgue me pongo un poco nerviosa, temo chapar mal, y hay altura, mucha más de lo que estoy acostumbrada. Pero mi compañero me anima, así que intento concentrarme, respiro, y lo hago, y desciendo, y todo está bien. Después aseguro a otras compañeras/os: nudo de 8 peinadito, grigri bien colocado, mosquetón cerrado, nudo en la cuerda… va. Finalmente hago otra vía más, y la tercera de segunda porque el paso final me da desconfianza.

Cuando acabamos se podría decir que ya no somos desconocidos y que las cuerdas que nos han asegurado han unido otras cosillas a su paso por las cintas. Mientras comemos, José Luis nos cuenta historietas de sus escaladas en grandes paredes, de movidas de la clásica o vuelos que ponen los pelos de punta.

Ese día, de vuelta en casa, me meto en la cama a las 10 de la noche y me quedo dormida sin esfuerzo, imaginando la roca y visualizando las técnicas en mi cabeza. Durante varios días, soñaré con nudos.

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