El gris es el anhelo

Qué se yo, de nada. No escribo poesía desde hace meses. Me quiero bajar del carro de la producción. No quiero producir nada, y menos aún hacerlo para nadie. Me opongo, pero tengo miedo. Parece difícil salirse de aquello de lo que siempre anhelamos salirnos, sea lo que sea. Escalaba antes de ayer con V. en Zarza y volvíamos a lo mismo: queremos que la vida sea esto. Lo comentamos en la oscuridad, a la luz de una vela, con las patatas fritas y el vinito servidos, en ese restaurante de cinco estrellas que se llama “mesita y sillas plegables en el monte”. Amigas, comida, campo, escalar. Proclamamos que la vida debería reducirse a eso y quizás la función de ese anhelo sea serlo. El anhelo cumple una función. La posibilidad de que la vida sea amigas, comida, campo y escalar ayuda a seguir viviendo mientras la vida no es solo eso, sabiendo que probablemente nunca podrá ser solo eso. Y el anhelo también permite imaginar ese mundo y quizás hacer que la vida que no puede ser solo eso, lo sea al menos un poco más. Que si la vida no pueda ser amigas, campo y escalar al 100%, al menos sí pueda llegar a ser un 70 u 80 por cierto. Yo que sé. Temo cansarme de las cosas, aún más de las personas. Temo aún más despreciar a las cosas y tratar mal a las personas si me canso. Temo ser una hipócrita, una déspota. Temo empezar un algo, y cansarme del algo, descubrir horrorizada que el sistema de producción lo llevo dentro. Y, al mismo tiempo, los ciclos. Mi cuerpo me recuerda cada mes el ciclo, el estar arriba y el estar abajo. Hay que saber habitar los dos espacios. Y la rueda, también hablamos de la rueda que no cesa de girar, de no querer sentirnos atrapadas por ella y ser quizás demasiado duras con nosotras mismas. No quiero producir para las redes, no quiero mostrarme, pero sí quiero mostrarme, no quiero ser una marca, no quiero hipersexualizarme. “Acepta que formas parte del sistema”, me decía ella. Aceptar la contradicción, la incoherencia, eso es. Cuando veo una imagen mía escalando en sujetador deportivo flipo, siempre quise esconder mi espalda, y ahora la muestro alegremente, pero quizás donde yo veo un acto de valentía, otros ven hipersexualización, hipermostración, hiper lo que sea, a lo mejor genero inseguridad a alguien. Lo hablamos también, las dos solemos escalar en sujetador deportivo porque nos entra mucho calor con camiseta. Un día pensé que sería mejor no aparecer nunca más sin camiseta en fotografías para cuidar eso, la hiper lo que sea, pero, ostras, mostrar la espalda musculada forma parte de mi proceso de reconciliación conmigo misma, y con camiseta escalo incómoda, y sudo, y luego se marca el sudor en la camiseta y me da vergüenza, y paso frío. Ese es el absurdo de esta postmodernidad en la que todo es relativo y ya no hay certezas. Todo puede ofender, incluso lo que una hace para evitar caer en la ofensa. Término medio. Siempre me ha costado encontrarlos. Pero el todo o nada es otra trampa. Quiero habitar un gris alegre y cálido. El gris es el anhelo. Ítaca. 

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